Jerzy Grotowski y el teatro pobre

Jerzy Grotowski (1933-1999) nació en Rzeszlow, Polonia. Estudió en Cracovia en la Escuela de Arte Dramático y completó su formación en Moscú y en Oriente, especialmente en China donde se interesó por el sistema de entrenamiento de actores en la ópera china tradicional. Tras sus estudios fundó el Teatro de las 13 filas que dirigió entre 1959 y 1964 y al que le cambió el nombre en 1965: Teatro Laboratorio. Su cometido principal era la investigación y adaptación de textos clásicos. Sus escritos teóricos se publicaron bajo el título Por un teatro pobre. En 1985 se exilió de Polonia y se instaló en Pontedera, en la Toscana italiana, donde siguió sus investigaciones teatrales con un grupo reducido de actores. Allí murió en 1999, pero su trabajo sigue vivo a través de la Fundación Pontedera Teatro y a través de numerosos discípulos en todo el mundo, entre ellos Eugenio Barba, director de Odin Teatret de Dinamarca.
 
La aportación fundamental de Grotowski en cuanto a la teoría de la interpretación se puede resumir en algunas ideas:

- Concibe el teatro como lo hacían los clásicos: como un rito en el que el espectador se pone en contacto con su herencia cultural y consigo mismo a través del actor que “oficia” el rito. La dificultad, dice Grotowski, es que el hombre actual ha perdido el sentido religioso y la noción de rito.

- De la idea anterior se deriva el hecho de que Grotowski concibe el acercamiento del actor al teatro no para interpretar un personaje, formar parte de una puesta en escena y hacer funciones. El actor se debe acercar al teatro a investigar y estudiar y nunca debe dar por terminado un trabajo porque siempre podrá descubrir aspectos desconocidos de su personaje.

- Enfrenta el “teatro rico” y el “teatro pobre”. El “teatro rico” es el que se arropa con recursos de otras disciplinas: música, luz, etc. Según Grotowski, es un teatro que quiere competir con el cine y la televisión, pero que carece de lo fundamental: la relación directa entre el actor y el espectador.

- El teatro es, por lo tanto, el actor, sin luces, sin música, sin escenografía… Sólo el actor con su cuerpo y su voz. En consecuencia, todo el trabajo del actor debe ir encaminado a perfeccionar su capacidad de expresión corporal y de uso de la voz. Para ello es fundamental el estudio personal y la investigación ya que no cree en una técnica de entrenamiento que pueda aplicarse a distintos actores.

- El entrenamiento del cuerpo se inicia en el conocimiento propio y la absoluta relajación, así que utiliza técnicas como el yoga, las danzas rituales o la teoría de la “biomecánica” elaborada por Meyerhold (1874-1940) que consistía en posibilitarle al actor el desarrollo de los medios expresivos a su alcance: la dicción y el canto; la impostación de la voz; la respiración; el tratamiento de las emociones y el control corporal, a través de la mecánica del cuerpo y de las precisiones físicas.

- En cuanto al entrenamiento de la voz, consiste en buscar la voz natural del actor y potenciar sus resonancias. Paralelamente se trabaja la dicción.


« ¿Por qué nos interesa el arte? Para cruzar nuestras fronteras, sobrepasar nuestras limitaciones, colmar nuestro vacío, colmarnos a nosotros mismos. No es una condición, es un proceso en el que lo oscuro dentro de nosotros se vuelve de pronto transparente. En esta lucha con la verdad íntima de cada uno, en este esfuerzo por desenmascarar el disfraz vital, el teatro, con su perceptividad carnal, siempre me ha parecido un lugar de provocación. Es capaz de desafiarse a sí mismo y a su público, violando estereotipos de visión, juicio y sentimiento; sacando más porque es el reflejo del hálito, cuerpo e impulsos internos del organismo humano. Este desafío al tabú, esta transgresión, proporciona el choque que arranca la máscara y que nos permite ofrecernos desnudos a algo imposible de definir pero que contiene a la vez a Eros y a Carites». (Jerzy Grotowski: Hacia un teatro pobre, Ed. Siglo XXI, p. 7)
 

 

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