El teatro realista en Europa y EEUU (II)

 

EL REALISMO RUSO
   En la gira de los Meininger por Rusia hubo un espectador de excepción, el joven Constantin Stanislavski (1865-1938) inmerso en el mundo teatral desde niño. En los Meininger aprendió cómo los actores pueden convertir en verdad lo que el dramaturgo elabora a partir de la realidad.
   En Rusia el mundo teatral estaba preparado para recibir el realismo ya que había toda una cantera de actores-trabajadores que provenían de las compañías privadas de los nobles que durante la primera mitad del siglo XIX habían utilizado el teatro como forma de diversión.

Anton Chejov

   El origen de la renovación está en la decisión que tomaron Stanislavski y Vladimir Dantchenko, actor y profesor de arte dramático en Moscú, de crear en 1898 el Teatro de Arte. En él se daban cita actores, directores, técnicos y, por supuesto, dramaturgos. Se invitó a participar a un autor ya conocido, Anton Chejov (1860-1904) que había fracasado con su obra La gaviota estrenada en 1896. Stanislavski lo tomó como un desafío que culminó en 1898 con el estreno en el Teatro de Arte de una versión de La gaviota en la que la emoción de los silencios llegó al público e hizo que la obra se convirtiera en el primer gran éxito del Teatro de Arte. No nos detendremos aquí a explicar la teoría de Stanislavski (ver en la etiqueta Teorías de la interpretación).
   Chejov siguió trabajando con Stanislavski y escribió sus obras más conocidas: Tío Vania (1899), Las tres hermanas (1901) y El jardín de los cerezos (1904). Su muerte prematura en 1904 interrumpió la colaboración.
   Otro autor que colaboró con el Teatro de Arte fue Máximo Gorki (1868-1936). En él el realismo da un paso adelante y se convierte en revolucionario: Los pequeños burgueses (1901) y Los bajos fondos (1902). Más tarde colaboró con el régimen leninista durante unos años de forma intermitente, aunque esta colaboración pasó factura a la reputación literaria de Gorki.

EL REALISMO EN INGLATERRA E IRLANDA
   En 1891 se crea en Londres el Teatro Independiente que se ve como un intento de trasladar a Inglaterra la experiencia del Teatro Libre de Antoine.
   El dramaturgo del Teatro Independiente desde el primer momento fue Bernard Shaw (1856-1950) que estrenó en 1892 Casa de viudos. Shaw era un admirador del teatro de Ibsen y escribió varias comedias realistas de diálogos ágiles, todas ellas con una enorme carga de crítica contra la burguesía inglesa. Su obra más conocida es Pigmalión (1913).

Oscar Wilde

   Por otra parte, Oscar Wilde (1856-1900) combina la escritura de obras simbólicas con dramas realistas. Su personalidad extrovertida y extravagante, hizo de él un personaje frecuente en los salones de la burguesía a la que, por otra parte, fustigó en sus obras: El abanico de Lady Windermere (1892) y La importancia de llamarse Ernesto (1895).
   A pesar de que los dos dramatugos anteriores eran de origen irlandés, no son ellos los que llevan adelante la renovación del teatro en Irlanda sino que llega de la mano del poeta William B. Yeats (1865-1939) y Lady Gregory (1852-1932). Juntos fundaron el Teatro Literario irlandés y el Abbey Theatre.
   El modelo es el teatro de Antoine con algunos rasgos propios: humor, poesía y costumbrismo sin evitar las reivindicaciones sociales y políticas, especialmente frente a la corona británica. Su estilo se puede resumir en el lema que adoptó Lady Gregory: «Pensar como un hombre sabio, expresarse como la gente corriente».

EL REALISMO EN LOS ESTADOS UNIDOS
El inicio del teatro autóctono estadounidense lo podemos situar en torno a la Guerra de Secesión (1861-1865). La popularidad del teatro hacia finales de siglo en EEUU se mide por la cantidad de salas que tenían actividad constante.
   Un dato importante es que la Universidad se preocupa por el teatro y George Pierce Baker, profesor de Harvard, habla del escenario como el laboratorio de los dramas. Un alumno suyo, Eugene O’Neill (1888-1953) será el iniciador del teatro moderno americano.
   O’Neill conocía perfectamente el mundo teatral y su público ya que su padre, James O’Neill era un actor de origen irlandés que llevaba a la familia allí donde trabajaba. Eugene O’Neill era un gran admirador del teatro clásico griego y eso, unido al profundo conocimiento de la sociedad que le rodeaba, da a muchas de sus obras un tinte trágico inconfundible. Un ejemplo es A Electra le sienta mal el luto (1931) en la que funde la historia del personaje clásico con la sociedad contemporánea.
   El teatro de O’Neill evolucionó hacia el simbolismo y se vio muy influido por las teorías de Freud. Tras su muerte, su viuda publicó Largo viaje hacia la noche (1956), obra en la que O’Neill había incorporado experiencias, algunas trágicas, de su propia familia.

Arthur Miller

   Es evidente la influencia que O’Neill tuvo en otros dos dramaturgos estadounidenses: Tennesse Williams (1911-1983) y Arthur Miller (1915-2005) este último, más cercano a la fórmula realista, nos ha dejado títulos memorables como Todos eran mis hijos (1947) o La muerte de un viajante (1949).
   En el desarrollo de la escena neoyorquina a partir de 1931 tiene mucho que ver el Group Theatre fundado, entre otros, por Lee Strasberg que adoptaron el método Stanislavski de la primera época. Cuando se disolvió el Groupe Theatre en 1941, Strasberg fundó el Actor’s Studio que aún mantiene el prestigio entre los actores de Nueva York y de Hollywood.


EL REALISMO EN ESPAÑA
   En España a finales del siglo XIX no encontramos ninguna figura que se ocupara de la renovación del panorama teatral como había sucedido en el resto de Europa.
   A principios del siglo XX la escena española está dominada por las grandes compañías cuyos propietarios eran, a la vez, directores, actores principales y programadores e imponían sus gustos a los “empresarios de paredes”. Puesto que ellos eran los dueños, las obras representadas servían para lucir sus habilidades, lejos del teatro como trabajo colectivo que hemos visto en otros países. Un ejemplo de ello es la compañía de María Guerrero y Fernando Díaz de Mendoza.

María Lejárraga

   Se empiezan a dar algunos pasos hacia la renovación con Gregorio Martínez Sierra (1881-1941), empresario y director que probó algunos cambios entre 1917 y 1926 en el Teatro Eslava con la colaboración de la primera actriz Catalina Bárcena. En esta tarea tuvo un papel fundamental y oculto la esposa de Martínez Sierra, María Lejárraga (1874-1974). Ella fue la autora de todas las obras que firmó su marido, incluso después de separados.
   Otros intentos de renovación vienen de la mano de la actriz Margarita Xirgu y del Teatro Escuela de Arte de Rivas Cherif.

 



 

Jacinto Benavente

    En definitiva, a finales del siglo XIX el teatro en España ya no era el espectáculo donde se daban cita todo tipo de público, sino que estaba copado por la burguesía y estaba representado por la “alta comedia” con autores como José Echegaray (1832-1916) y Jacinto Benavente (1866-1954). Este último sí hizo algunos esfuerzos por rebajar el tono melodramático de sus personajes para hacerlos más acordes a una representación realista.
   Paralelamente se daba un teatro menor, más popular, el “teatro por horas” formado por piezas de un solo acto, con humor, moraleja y calidad desigual.

 

 

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