«El topo» de José Sanchis Sinisterra

Esta pieza forma parte de Terror y miseria en el primer franquismo, obra estrenada en 2002 por el Teatro del Común y por la que el autor recibió el Premio Nacional de Literatura Dramática en 2004.


(Pequeño cuarto de casa campesina. Escasos muebles. Entre ellos, un arcón. Desorden. Es de noche. Un hombre se está vistiendo. Escucha inquieto. Cuando va a ponerse los zapatos, le inmoviliza el sonido de una puerta que se abre y luego se cierra. Pasos. Tiene un reflejo de huida, que interrumpe)

MIGUEL .- (Susurra hacia la única puerta del cuarto) ¿Julia?

(Entra una mujer quitándose una toca)
JULIA .- ¿Qué haces?
MIGUEL .- ¿Te han hecho algo?

JULIA .- ¿Cómo se te ocurre salir aquí? Podían haber vuelto antes de soltarme. (Enciende un quinqué)

MIGUEL .- No podía aguantar más... ¿Qué te han hecho esta vez? ¿Cómo has tardado tanto?

JULIA .- Sospechan algo. (Por el desorden del cuarto) Mira cómo lo han puesto todo... (Comienza a arreglar) Pues abajo está aún peor. Y hasta el corral han revuelto. Como si tuvieran tu olor en las narices...

MIGUEL .- ¿Piensas que tu cuñada...?

JULIA .- ¿Esa? No le conviene abrir la boca. Además, tampoco lo sabe de cierto... (Ve los zapatos. Sobresaltada:) ¿Qué haces con eso? (El hombre no responde) ¿Por qué te ponías los zapatos? (Ídem) ¿Me quieres decir...?

MIGUEL .- (Brusco) ¡No aguanto más, Julia!

JULIA .- No levantes la voz. ¿Qué es lo que no...?

MIGUEL .- Esto, esta vida. Que no la aguanto más. Que yo me entrego.

JULIA .- ¡Tú estás loco! ¿Entregarte?

MIGUEL .- Loco me voy a volver si sigo aquí. Y tú... ¿Qué te han hecho esta vez?

JULIA .- (Mintiendo) Nada... Nada de particular. Pero, ¿tú sabes lo que te harán a ti si te entregas?

MIGUEL .- Me da igual.

JULIA .- ¿Igual? ¿Es que no sabes lo que hicieron con Martín, y con tu primo, y con el Cañas...?

MIGUEL .- Esos tenían culpas que pagar... y de sangre. Pero yo no hice nada. ¿De qué me pueden culpar a mí?
JULIA .- ¿Y qué hizo el Honorio, dí? ¿Y qué hizo don Gonzalo, el maestro? (El hombre no responde. Transición.) Tendrás hambre, que no has comido nada desde el mediodía. (Sale. El hombre va a decir algo. Se interrumpe. Toma los zapatos y los mira)
MIGUEL .- (Bajo) Me iré a la sierra... (Sube la voz) ¿Me oyes? Me iré a la sierra.

JULIA .- (Dentro) No levantes la voz. (Entra con un tazón de sopa y una cuchara) Está fría... ¿Qué dices de la sierra?

MIGUEL .- (Mientras come) Digo que, si no me entrego, prefiero esconderme en la sierra que seguir aquí. La sierra es grande... y me la conozco como la palma de la mano.

JULIA .- ¿Y dónde crees tú que están los civiles cuando no vienen por aquí? Se la recorren de parte a parte, día y noche. Y cuenta todos los que han cazado en estos años. (Coge los zapatos)
MIGUEL .- ¿Piensas tú que aquí no me cazarán un día u otro? Y peor: como a un conejo, como a una rata...
JULIA .- Si en nueve años no han dado contigo...
MIGUEL .- Nueve años...
JULIA .- Sí. Y bien que lo han intentado. Un día u otro se cansarán... o se olvidarán.
MIGUEL .- Esos no olvidan, no... Y además, aunque lo olviden, ¿qué vamos a hacer? ¿Seguir así otros nueve años, o diez, o quince?
JULIA .- ¡Los que hagan falta!
MIGUEL .- No puede ser, Julia. Yo no aguantaré... Ni tú tampoco. (Ella va a salir con los zapatos) ¿Adónde vas?
JULIA .- Te traeré algo más de comer...
MIGUEL .- (Duro; por lo zapatos) No te lleves eso.
JULIA .- (Conteniendo su excitación para no elevar la voz) Tú no te irás, Miguel. No dejaré que te vayas. Hacerte matar así, después de tantos años, después de todo lo que... Porque yo no cuento, ¿verdad? Lo que yo he pasado por guardarte, lo que me harían a mí si te cogieran... Eso no cuenta. Tú vas y dices: no aguanto más. Y punto. Crees que arreglas algo, que se acaba lo malo de estos años... Pues no sabes nada. Nada de nada. No se van a conformar con mandarte a la cárcel, o con pegarte un tiro... No, eso sería poca cosa. El tiempo que han perdido en buscarte, la mala sangre que han criado todos estos años... se lo iban a cobrar a su manera. A su manera... (Su cuerpo parece encogerse. El hombre se le acerca, alarmado)
MIGUEL .- ¿Qué te pasa? ¿Qué te han hecho esta vez? (La zarandea levemente. Los zapatos caen al suelo) ¡Dime qué te han...!
JULIA .- ¡No levantes la voz! (Le muestra el pecho) Mira los culatazos... (La nuca) Y mira aquí... (La oreja) Y el pendiente, arrancado de un tirón...
MIGUEL .- (Abalanzándose, ciego de rabia, hacia la puerta) ¡Cabrones! ¡Hijos de puta!
JULIA .- (Reteniéndole) ¡Miguel! (El hombre se inmoviliza en el umbral. Suena, lejano, el traqueteo de un carro. Ambos escuchan) Es Luciano, que sale al campo... Está amaneciendo.

(Hay una larga pausa. Él, apoyado en el quicio, respira sonoramente. Ella se arregla la blusa y el pelo. Luego apaga el quinqué, pues ya se difunde por el cuarto cierta claridad)

MIGUEL .- (Murmura débilmente) No aguanto más...
JULIA .- (Mientras sale) Adela no tardará. Me dijo ayer que vendría temprano por las cestas. (Vuelve a entrar con un orinal, que entrega al hombre) No te entretengas. (Él lo toma y orina maquinalmente mientras ella recoge el tazón de sopa de sobre el arcón) ¿Quieres comer algo más? (Él niega con la cabeza. Ella espera a que él acabe y luego sale con el tazón y el orinal)
MIGUEL .- (Mientras se quita la chaqueta) ¿Qué te han dicho?
JULIA .- (Entra con una jofaina y un paño, que sostiene en sus manos mientras él se lava la cara y manos) Creen que andas huido con los de la sierra y que vienes aquí de tanto en tanto. Parece que ayer hubo tiros allá arriba y murieron dos civiles... Y dicen que un cabo dijo que te vio en la partida, disparando.
MIGUEL .- (Murmura) Así tendría que ser...
JULIA .- ¿Qué quieres decir? (Él no contesta) De la partida mataron a tres en el monte, y otros tres malheridos que traían se les quedaron al interrogarles. (Silencio. Él ha terminado de lavarse. Ella sale con la jofaina y el paño)
MIGUEL .- (Se quita la camisa) He pensado en agrandar el agujero. Cada vez me duelen más las piernas de tenerlas encogidas. Y si ahora tú vas a ir a la aceituna, tanto tiempo ahí metido...
JULIA .- (Entra) Me parece muy bien. Mañana empezamos. (Le ayuda a mover el arcón)
MIGUEL .- También algo por arriba, para que entre más aire y un poco de luz.
JULIA .- Pues claro que sí.
MIGUEL .- (Se frota los ojos) Me parece que estoy perdiendo vista.
JULIA .- (Recogiendo la chaqueta y la camisa) No te entretengas.
MIGUEL .- (Va a meterse tras el arcón) ¿Y no vas a dormir nada?
JULIA .- A la tarde me echaré un rato.
MIGUEL .- Ve al médico, que vea lo que te han hecho esos. Que te dé algo.
JULIA .- Sí, anda, métete ya.
MIGUEL .- (Desaparece tras el arcón, por lo que parece ser un agujero en la pared) Hasta la noche.
JULIA .- Hasta la noche. (Vuelve a poner el arcón como estaba) ¿Estás bien? (No se oye la respuesta. Queda arrodillada junto al arcón, pensativa. Suenan dos golpes fuera) Es Adela. (Va a incorporarse) Ah, no te he dicho que está esperando un crío... (Tras una breve pausa, se pone en pie, decidida, recoge los zapatos, los mira, mira si todo está en orden a su alrededor y sale)

 

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